Una frontera muy especial

55km es la distancia que me separaba de Malasia, nada en comparación a lo que llevaba recorrido hasta ese momento. A buen ritmo, con las piernas respondiendome después del parón de dos días en Hat Yai, sumado a la motivación que tenía por pasar mi primera frontera en bicicleta, hicieron que el día 5 de Octubre 2017, pedaleara mis primeros 30km en suelo Malayo, en un entorno increíble, lleno de junglas, montañas y arrozales. Al caer la noche busqué un sitio para dormir, justo cuando apretaba la lluvia de la tarde, tan típica en esta época de Monzón. Finalmente, decidí poner mi hamaca a cubierto dentro de una pequeña casa en construcción, con tres de sus muros construidos, y pasar allí mi primera noche, donde me preparé la cena con mi hornillo (por fin lo estreno) y descansé a gusto con la luz de la luna llena entrando por las verjas.

Pedaleando entre campos de cultivo

Al día siguiente tuve la suerte de conocer a un ciclista de la zona mientras desayunaba, y el cual me llevó por unos arrozales preciosos, con sus tractores y arados antiguos preparando las tierras tras las intensas lluvias de los últimos días.La verdad es que no me esperaba un paisaje así en esta zona de Malasia.

Después cogí la carretera costera, la cual fue derivando en carriles entre arrozales y el mar. Qué gran atardecer pude disfrutar, desde el muelle que servía de restaurante improvisado al caer una gran tormenta justo cuando yo llegaba. Allí seria donde pasaría la noche, en un banco envuelto en mi saco de dormir para evitar las picaduras de mosquito, y las cosas guardadas en la sala de rezo. Todo, gracias a la amabilidad de la familia que llevaba el restaurante, que me ofreció lugar para ducharme, cena y té gratis y recena en la casa con toda la familia como agradecimiento por ayudarle a recoger las mesas. Madre mía, qué maravilla!

Sopa de gambas
Invitación de una familia local

Los dos días posteriores, 7 y 8, me sirvieron para seguir disfrutando de los caminos más recónditos, llenos de piedras, charcos, pero con un paisaje alrededor que sorprendería a cualquiera que no vea eso todos los días; durmiendo al lado de una cascada en la hamaca, junto a la tienda de un amable hombre y su familia, que me dio buenas recomendaciones, además de disfrutar de horas de conversación con su hijo de trece años en inglés y una buena cena juntos; para acabar en una moderna ciudad, George Town, en casa de Adleya & Dushon, una pareja ruso-canadiense que me acoge gracias a la página Warmshowers, en una habitación con cama, y una comodidad y buen rollo que te hace sentir como en casa.

Así nos hemos estado conociendo, hemos cenado fuera, echado unas birras, les he cocinado tortilla y porra, he participado en una carrera no competitiva por la jungla, lleno de barro hasta arriba y empapado de la humedad, y disfrutado de una cena y alguna que otra cerveza con los miembros de este club de corredores (Hash Runners Penang), visitado la bonita George Town, sus murales y la gran diversidad de población, con mayoría de origen chino, otros del sur de India (Tamil Nadu), y los malayos musulmanes. Además he aprovechado para cambiarle la cadena a mi bici y hasta he entrenado con Adelya haciendo un entrenamiento de Crossfit!

Días completos, pero va siendo hora de seguir mi camino hacia Kuala Lumpur, antes de que me sienta aún más cómodo y sea más difícil volver a coger la rutina de pedalear. Así pues, hoy es mi último día en Penang, ¡vamos a ver a que surge!

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