Un sueño hecho realidad

Hace tres días llegué finalmente a Kuala Lumpur, capital de Malasia, tras 1800 km y 84 horas pedaleando en un total de 25 días. Contento por haber llegado hasta aquí, por haber completado mi primer reto, antes de prepararme para empezar a cruzar desde Asia hasta mi pueblo (Ardales) en unos meses, en los cuales tendré que dedicar tiempo para planear la ruta, los países a cruzar, revisar las condiciones meteorológicas y los diferentes visados. 

Quién me lo iba a decir hace tan solo mes y medio que llegaría a esta ciudad pedaleando desde Bangkok, siendo un principiante en este mundillo y con muchas dudas al respecto. Pero hoy puedo decir que estoy preparado para seguir esta aventura y conseguir lo que me propuse al principio. Porque querer es poder. Y yo quiero seguir viendo el mundo desde mi sillín y con la ayuda de mis piernas.

Ahora, toca aparcar la bici un rato (ya que me visita una amiga de Málaga por dos meses) y viajar con la mochila a la espalda por Malasia hasta el 15 de Noviembre, fecha en la cual volaremos a Camboya, tierra de la que tengo gratos recuerdos. 

La última semana de pedaleo ha sido bastante dura, no tanto por la exigencia del terreno (bueno, el día 19 si tuve que cruzar una montaña para llegar a las famosas Cuevas de Batu que me hizo sudar la gota gorda), sino por el calor extremo que ha hecho, superando los 40°C en ocasiones, con una humedad del 50-60% y sin gota de agua, como si de repente se hubiera acabado la temporada de Monzón.

Noche en mi hamaca

He tenido la oportunidad de conocer gente maravillosa, como Jidin, el cual me acogió en Butterworth, Zhong que hizo lo mismo en la bonita ciudad de Ipoh, Nick  con el que me quedo en Kuala en su moderno piso con una piscina enorme, y otros muchos (incluyendo algún indio trabajando en plantaciones) con los que he conversado a lo largo del camino.

También he pasado tres noches acampando en mitad del campo, durmiendo por primera vez en una mezquita (donde además me invitaron a cenar unos deliciosos fideos con pollo), y disfrutando del silencio de la noche en mi hamaca al lado de unas cascadas preciosas, escuchando el fluir constante del agua hasta quedarme dormido.

Entre tantos kilómetros, el día 16 me tomé un descanso para visitar la ciudad de Ipoh, llena de Street Art (los murales que comentaba en el post anterior) y cultura china por todos lados. He de reconocer que ha sido la ciudad que más me ha gustado hasta ahora en Malasia, y sus pinturas superan en belleza a los de George Town. Sin olvidar su mezquita de dos minaretes pintada en un llamativo azul sobre blanco.

Desde el 20, día en el que llegó mi amiga, he estado descansando en el piso de mi host, aprovechando para cocinar una paellita de marisco, compartiendo toda la comida española (casi 20kg) que me han enviado mis padres con mucho amor (MUCHÍSIMAS GRACIAS!!!), descansando con aire acondicionado, bañándome en la piscina y visitando esta inmensa y cosmopolita ciudad, con sus famosas torres Petronas, en compañía de Bea, Nick y Paloma, una amiga viajera que conocí en la India y con la cual volví a coincidir en Nepal. ¡Esto es vida!

Mural dedicado a las mujeres en Ipoh

Hoy ya toca moverse, salir de esta inmensa urbe en dirección a la playa, dejando mi bicicleta aparcada en la urbanización, junto con mis múltiples alforjas, e ir a la aventura con una sola mochila a la espalda (¡qué alegria!). Así que estad atentos a las historias que vendrán a continuación.

A seguir soñando…

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