Hasta siempre Estambul

Estambul, esa gran ciudad a la que tanto estaba deseando llegar y la cual, una vez más, me ha vuelto a enamorar.

Nada tenía que ver con las dos veces anteriores que estuve en esta gran urbe en mis años de Erasmus, con visitas cortas y turísticas en 2008 y 2011.

Esta vez llegaba a ella de una manera muy especial, como acostumbro a llegar a cada uno de los lugares por los que paso desde hace ya casi 4 años. Acompañado de mi preciada Carmela, la cual sigue conmigo a pesar de los contratiempos y problemas a los que se enfrenta habitualmente.

Llegábamos hace una semana a la que muchos recuerdan como Constantinopla, abriéndonos paso por sus carriles bicis costeros en un día gris y poco acogedor, y superando una de esas cifras que me regaló una sonrisa en la cara al ver el cuentakilómetros.

20000 kilómetros recorridos en bicicleta justo hasta ese punto en el que Asia y Europa se dan la mano, con su importancia histórica que se refleja en cada una de sus esquinas y dejando una ciudad dividida por el Bósforo entre ambos continentes, pudiendo pasar el día en uno y la noche en otro.

Torre de la Doncella

¿20000? ¿En serio? Se me ponen los vellos de punta mientras pienso en momentos concretos de este gran viaje que comenzó sin experiencia alguna en la gigantesca Bangkok, pero con una ilusión que me desbordaba y que aún lo sigue haciendo a pesar del tiempo transcurrido.

Pero como todo en esta vida, mi periplo asiático llegó a su fin al cruzar hace un par de días hacia el lado europeo de la ciudad. Mis ojos se perdían en la lejanía, observando como me separaba lentamente de ese continente que tanto me ha regalado en estos 5 años de viaje, dejando tras mis pasos nombres concretos, un continente cargado de emociones, reflexiones, aprendizajes, paisajes que me han dejado anonadado, gastronomías con las que he saboreado, y por supuesto nombres propios de muchxs individuxs que me han transformado.

Pero como es habitual, toca mirar hacia adelante y dejarme llevar por todo aquello que está por venir, descubriendo el continente en el que nací y crecí con unos ojos diferentes a los que se fueron hace unos años. Unos ojos ansiosos por empaparse de la hospitalidad europea y los rincones más insólitos de su geografía.

Hasta siempre, Estambul.

Barrio de Galata

 

 

 

 

 

 

 

 

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