Tras la vida nómada

Carmela estaba preparada, las alforjas cada una en su lugar cargadas con todas mis pertenencias y algún kilo de más en el compartimento de las experiencias y aprendizajes. Yo, por el contrario, a pesar de sentir ese picor en mi cuerpo que me llama a lanzarme a la carretera, no estaba en absoluto preparado al 100% en el plano mental y sentimental.

No obstante, tocaba salir, tocaba sentir una vez más la libertad que me da el pedalear día tras día sin la certeza de saber lo que va a ocurrir en cada instante, con la gran incertidumbre que me proporciona el viajar en bicicleta frente a la rutina relativa de los últimos meses.

Habían sido varios los días que llevaba postergando mi partida (en parte por el mal tiempo). No era fácil dejar tras mis pasos todxs esxs amigxs con lxs que he compartido tanto tiempo en los casi 5 meses de parón invernal aquí en el sur de Turquía, y tras tantos momentos inolvidables que formarán parte de ese libro de aventuras que continúa gestándose en mi cabeza y en mi corazón a medida que avanzó en este viaje nómada.

Con mi host y amiga Tuğba

Y es que aquí me he sentido como en casa, bien recibido por mi gran amiga y host Tuğba, la cual no dudó en abrirme sus puertas desde el mismísimo primer día que llegue a Fethiye allá por mediados de Octubre. Y desde entonces, se ha forjado una bonita amistad basada principalmente en una de nuestras grandes pasiones, viajar en bicicleta conociendo nuevos lugares y personas en nuestro camino, dando lo mejor de nosotros mismos a aquellos que nos reciben. Pero bueno… volveremos a encontrarnos por el camino.

He tenido la oportunidad de disfrutar de un entorno precioso en los alrededores de Fethiye, donde en ocasiones he aprovechado para perderme con la bicicleta y sentir el frescor de los bosques de pino mediterráneo y las montañas de hasta 1900 m (Babadağ) tan cercanos a la costa y prácticamente a las puertas de nuestra casa. Más fácil imposible.

Por otro lado, y de pura casualidad, esta región se convirtió en un lugar donde reencontrarme con otrxs amigxs cicloviajerxs que había ido conociendo a lo largo del camino. De esta forma pudimos disfrutar de la compañía de mis queridos Lucas y Brenda, pareja argentina con la que estaba en contacto desde la cuarentena en Georgia y con la que tuve la suerte de compartir unos días en la zona más oriental de Turquía, y hospedar a Marie y Adri, pareja franco-española y buenxs amigxs con los que compartí y sobrellevé la pandemia en Tbilisi hace ya un año.

Atardecer en la playa con lxs amigxs

Pero claro, para poder quedarme parado tanto tiempo tenía claro que debía buscar algún sustento económico que me permitiera mantenerme y vivir sin mayores lujos durante el período de hibernación. Aunque no resultó demasiado fácil al principio, yendo incluso un par de días como jornalero a coger limones, finalmente tuve la suerte de encontrar a Nicola, escocesa residente en Turquía, la cual me contactó para ser su entrenador personal.

¡No me lo podía creer! Todo fluyó desde el primer día gracias a su naturalidad y positividad en todo momento, a pesar de quejarse por llevar a cabo tal o cual ejercicio, siempre con una sonrisa y convirtiéndose, tanto ella como su familia, en un gran apoyo durante este tiempo. 3 meses de entrenamientos juntos que culminaron hace unas semanas con un almuerzo de despedida. Nos vemos por Escocia.

Sin duda alguna, no me puedo quejar en absoluto por todo lo acontecido en los últimos meses y desde aquí me gustaría agradecer a todxs aquellxs que han hecho mi estancia especial de una forma u otra, ya que son las personas, como siempre digo, las que hacen que este viaje sea más significativo al aportarle humanidad al mismo. Gracias de corazón.

En el camino está la respuesta

Quedarán en el recuerdo estos meses cargados además de buena comida y nuevas recetas con las que experimentar, con panes caseros recién salido del horno cada día y paladares satisfechos nada más despertar. Con tanto tiempo he aprovechado para dar rienda suelta a otra de mis pasiones, cocinar y probar suculentos platos de diversos orígenes gracias a la gran bolsa de especias del mundo que llevo conmigo en una de mis alforjas (y por supuesto entrenar para quemar la gran ingesta de calorías).

Si bien, como todo en esta vida, llegó el momento de marcharse y volver a ese movimiento continuo de cuyo flujo formo parte, dando rienda suelta a la improvisación como forma de vida.

Así es la vida nómada, nos sentimos como en casa allá donde nos acogen con cariño pero a sabiendas de que tarde o temprano tocará dejarlo todo atrás para continuar viviendo.

Bendita vida que tanto me está aportando.

Ahora sí. ¡Sigamos con la aventura!

Expectante por abrir las páginas de este nuevo capítulo.

«Es bueno tener un final de recorrido hacia donde ir; pero es el viaje lo que importa, al final.»

Ernest Hemingway
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