La Camboya más jemer

Me siento bien, me siento… libre cada vez que me monto en la bicicleta, a sabiendas de que ya solo estaremos ella y yo contra la carretera. Y aunque no siempre es fácil salir, como en el caso de hoy, al final compensa con todo lo que te encuentras por el camino, por muy poco o muy lento que se avance en ciertos días.

Entre autovías nacionales (un solo carril y mal estado), carriles empedrados en los que se hace difícil pedalear, o aún peor llenos de barro en los que no queda otra que echar pie a tierra y empujarla, y con el polvo constante en la cara (una buena ducha cada vez que pasa un camión) he pasado mis primeros tres días de pedaleo por Camboya. Por fin, qué ganas tenía de empezar.

Tras los cinco días de relax total en el resort-hostel de Siem Reap, ciudad cerca de los famosos templos de Angkor, donde no hice más que estar alrededor de la piscina, preparar mi bici, jugar al fútbol y salir a comer, era el momento de arrancar, de salir de esa pequeña zona de confort a la que es tan fácil acostumbrarse. Era la hora de la incertidumbre.

Carretera secundaria

Aunque salí tarde de Siem Reap, dudando hasta última hora de si hacerlo o no por las inclemencias del tiempo, llegué a completar los 70kms que me había propuesto, para no empezar demasiado duro, y dormir en un templo a los pies de la carretera, en mi camino hacia Battambang.

Allí me uniría a mi amiga, tras un largo segundo día de casi 95kms y muchos calambres a la llegada, que me recordaron cómo no a los problemas que tuve en Tailandia al empezar.

Ayer fue día de descanso para visitar la zona, para lo cual cambié mi medio de transporte por un día, alquilando una moto con mi amiga, y recorriendo los bonitos parajes, templos similares de los de Angkor, otros más recientes, y admirando la salida de más de 4 millones de murciélagos de una cueva al atardecer, formando siluetas en el cielo mientras se alejaban en bandadas. Irse a dormir con la sensación de haber tenido un buen día es una de las mejores que se puede tener.

Noche en un templo budista

Para concluir, he de decir que hoy ha sido uno de los días que más he disfrutado desde que viajo en bicicleta. Porque como decía al comienzo, a pesar de haber recorrido tan sólo 22kms, por haber salido muy tarde entre otras cosas, he podido recorrer zonas rurales a poquisima distancia de Battambang, con un colorido fascinante, llamativo, mezclándose el marrón de sus caminos con el verde de sus campos, árboles y cultivos, y el azulado de sus aguas que refleja perfectamente cada una de las formas.

Fascinante, me ha hecho transportarme a África por segundos, sin ni siquiera haber estado allí.

Tengo 281kms más hasta Phnom Penh, capital del país, donde me reuniré con unos amigos que vienen desde España y Polonia de vacaciones en tres o cuatro días, para compartir un poco la cultura jemer y unos buenos ratos juntos.

Hora de dormir, sobre todo si quiero que me cunda mañana.

Buenas noches desde el templo donde me hospedo esta noche.

Monjes curiosos mirando a Carmela

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