De templo en templo

Poco a poco sigo avanzando a lo largo del país, Tailandia, teniendo mi objetivo de llegar a Malasia cada vez más cerca, y es que en 11 días de pedaleo llevo ya algo más de 700km, encontrándome ya en el sur, en la ciudad de Krabi, la cual conozco bastante bien por las anteriores veces que he estado en el país de la sonrisa.

Estos últimos seis días han sido bastantes intensos, pero por fin he cogido un ritmo bueno y que no parece pesarle demasiado a mis piernas, haciendo entre 85 y 100km en cada jornada. He cruzado (y me he duchado) en ríos inmensos (ya podía mandarle algo de agua al pantano de Ardales), playas de ensueño, palmerales, montañas karsticas, lagos, continuas subidas y bajadas a modo de montaña rusa, campos de extracción de látex, parques nacionales y bosques húmedos con una vegetación de un verde tan intenso que parece irreal, como si estuviera sacado de un cuadro. También ha habido tiempo para un par de jornadas de descanso, que ya iba tocando.

Pedaleando entre palmerales

He dormido en otros seis templos budistas donde siempre me han acogido con gran hospitalidad

Me han ofrecido no solo un sitio donde pasar la noche (una de las veces me limpiaron una pequeña cabaña para mi), sino dándome además todo tipo de alimentos, en forma de cenas al llegar, o con un montón de plátanos y dulces para recuperar energía.

Aunque al principio sufrí bastante calor, desde hace unos días las temperaturas han bajado y el cielo nublado y las lluvias torrenciales han sido los protagonistas, teniendo que venir hoy en coche hasta aquí por no parar de llover, invitado por un tailandés que conocí anoche en la cena y con el que comparti una agradable velada junto a sus amigos tomando unas cervezas.

Y para culminar, hoy he podido pasar unas horas con un viejo amigo de Erasmus, Lorenzo, acompañado de su familia, que me han dado muchísima energía para proseguir mi viaje. ¡Muchas gracias por todo!

Hospitalidad increible de los monjes budistas
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