Ay Carmela, ay Carmela

Una extraña mezcla de sensaciones sobrevuela mi cabeza desde que me levanté, comparable quizás a esas que inundan a unos padres al ver a su hijo marchar. Nervios, incertidumbre, tristeza… todo por dejarte atrás.

Quién me iba a decir hace 14 meses que aquel objeto impersonal acabaría siendo lo que eres hoy en día para mí. Mucho más que una bicicleta, mucho más que un medio de transporte… Sin ti esta aventura no tendría sentido.

Ay Carmela, ay Carmela.

Aquel día supongo que no te imaginabas lo que se te venía encima.’¿Por qué yo?’, pensarías en ese momento. Y mírate ahora, habiendo cruzado gran parte del continente asiático, con los problemas que hemos tenido, desde las islas más paradisíacas a las montañas más altas. Cuánta ha sido tu evolución a lo largo del camino.

Ay Carmela, ay Carmela.

Camping a 4000m
Tayikistán

Me he enfadado contigo, he llorado desesperado cuando decidiste que no querías seguir conmigo, te he mimado y cuidado aunque entiendo tus enfados cuando te llevo por esos caminos abruptos que tanto te hacen temblar, me he despertado miles de veces en mitad de la noche para comprobar que seguías a mi lado, te he enseñado parajes que no habrías visto de no estar conmigo e incluso te he hablado y retratado.

Ay Carmela, ay Carmela.

Tantos segundos, minutos, horas, días y meses juntos hacen que separarme de ti no haya sido tarea fácil, aunque sea una cosa temporal.

Muchos pensarán que estamos locos, y que al fin y al cabo se trata tan solo de una bicicleta, pero hoy desde este tren camino de la capital uzbeka puedo decir que me siento vacío sin ti, sin esas alforjas que transportan mi ‘casa’ y los miles de recuerdos que en ellas guardo con cariño. Porque en ti he encontrado una ‘amiga’ inseparable, y mi viaje en solitario se ha convertido en cosa de dos (como siempre explico cuando me preguntan si viajo solo).

Ay Carmela, ay Carmela.

Aunque Uzbekistán no nos ha sorprendido con sus paisajes, nada comparables a su vecina Tayikistán, sí que lo ha hecho con su cultura y ciudades cargadas de historia (Samarcanda y Buchara).

Madrasas (antiguas escuelas), mezquitas, minaretes, bazares y caravanserais ocultos entre sus callejones donde, aunque cada vez más difícil por el turismo creciente y los numerosos puestos de souvenirs y hoteles, aún se puede respirar el ambiente de la Ruta de la Seda, e imaginar cómo eran estas ciudades milenarias cuando los mercaderes y sus camellos campaban a sus anchas.

Carmela en Bukhara

Y aquí, una vez más, hemos admirado la amabilidad local, en este caso de Rakhima y su familia, que nos ha acogido y alimentado a siete ciclistas durante días, creando un sentimiento familiar entre estos apasionados de las dos ruedas, algunos de los cuales nos conocíamos previamente por diferentes medios.

Termina de esta forma, en la bonita e histórica Buchara, este primer episodio del libro de aventuras que estamos viviendo, y pronto estaré de vuelta para reencontrarme contigo y seguir conociendo nuevas culturas y maravillándonos con nuevos paisajes. A por otros 8000km Carmela.

Mañana mismo vuelvo con muchas ganas a uno de esos paises que más me han influenciado en mi viaje, con sus grandes contrastes, miradas continuas, espiritualidad tangible en sus calles y una de mis gastronomías favoritas. Ya puedo percibir el intenso aroma del curry…

‘El tiempo pasará, lo nuestro no morirá.
Hay una amiga en ti’

Toy story
es Español
X